Opciones para recuperar las Islas Malvinas

Un nuevo 2 de abril. Hoy se cumple otro aniversario del inicio de aquella triste campaña bélica aventurada por el oscuro gobierno militar. Treinta y tres años después de ese gran error político, Argentina ha logrado reinstalar su posición tradicional pacífica y de respeto del derecho internacional que nunca había sido abandonada durante los gobiernos democráticos. Los avances hacia el reconocimiento internacional de la soberanía argentina sobre las Islas han sido sustanciales. Pero aún así, el Reino Unido continúa ignorando las peticiones de la comunidad mundial para negociar una solución al conflicto. Mientras se van a cumplir 182 años de la invasión británica, el Estado argentino no mira otra salida que no sea la perseverancia del reclamo pacífico. Sin embargo los ciudadanos, con una temporalidad existencial limitada a diferencia de un Estado, tienen diferentes opciones de hacer su aporte por la paz y la íntegra emancipación.
 
Islas Malvinas vistas desde el espacio

Una opción es llenarse la boca de odio, quemar banderas británicas e insultar cualquier símbolo que represente a aquel viejo imperio europeo en decadencia. Por supuesto que es el gobierno de aquel país quien mantiene la decisión de continuar ocupando las islas; de militarizar progresivamente el Atlántico Sur (región proclamada como Zona de Paz por los países latinoamericanos); de dar ejecución a proyectos para extraer los recursos naturales; de no sentarse a dialogar una resolución pacífica como lo han exigido numerosos organismos internacionales. Tales medidas merecen el mayor repudio por parte de todo pueblo libre.
 
Sin embargo, esa generalización “anti-británica” no puede ignorar que en aquella isla del norte -del tamaño de la provincia de Santa Cruz- vive un pueblo que tristemente sabe de guerras, y quizás ese sea el motivo por el cual surgen cada vez más voces que sostienen que la única salida a un conflicto es la pacífica. Y serán aquellos ciudadanos ingleses los que tengan que elegir a un gobierno que esté dispuesto al diálogo.
 
Pero también existe la otra opción, la que mira al sur. Nuestro país, desde antes de llamarse Argentina, ha mantenido la misma vía pacífica del reclamo. Rosas, Sarmiento, Roca, Yrigoyen, Perón, Frondizi, Illia (El presidente que logró la aprobación de la Resolución 2065 de Naciones Unidas), Alfonsín, Menem, Kirchner y Fernández, por nombrar algunos mandatarios de distintas banderas políticas. Todos ellos han mantenido una inequívoca y constante posición de reclamar el ejercicio soberano de las islas. Cada uno con una impronta diferente: Illia y Alfonsín poniendo foco en organismos internacionales como Naciones Unidas; o los avances que había logrado Perón mediante las negociaciones bilaterales de los años ´70. En la última década, ante la voluntad irrestricta del gobierno inglés dirigido por David Cameron de sentarse a negociar, Argentina ha tejido una importante estrategia consistente en la obtención de posicionamientos de organismos internacionales, cumbres, naciones libres y organizaciones sociales a favor de una solución pacífica del conflicto mediante el diálogo y el respeto al derecho internacional. Entre ellos, el gobierno de Cristina Fernández logró un avance fundamental que no se había producido hasta ahora: consolidar la posición de los países de UNASUR en un bloque unificado respecto a la soberanía de Malvinas, ya no como una cuestión nacional, sino como una causa sudamericana enmarcada en la emancipación íntegra de los países del sur frente al arcaico sistema colonialista europeo. Y ante esta estrategia, el Reino Unido no tendrá otra opción que sentarse a negociar cuando el hecho de no hacerlo le resulte más costoso que hacerlo.
 
   
Avances logrados por las misiones diplomáticas a través de la vía pacífica.
En la primera, recortes de la prensa tras el Alegato Ruda en Naciones Unidas (1964).
En la segunda, posicionamiento de UNASUR denunciando la militarización de las Islas Malvinas (2014).
 
 
Sin embargo, esta opción tiene también sus desafíos para la ciudadanía. Si bien la política de Estado llevada a cabo en los últimos años en torno a la reconstrucción de la memoria ha sido fundamental para acompañar la posición internacional de la República Argentina frente a la Causa Malvinas, toda medida debe estar acompañada de un apoyo unánime de nosotros, los ciudadanos. Y ese apoyo no debe basarse únicamente en emociones nacionalistas, sino también en conocimiento y formación sobre lo que realmente queremos. Y en este aspecto los avances han sido enormes. Sobre todo, desde la desclasificación del Informe Rattenbach, y no en menor medida, la fundación del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur.
En este sentido, el proceso no estará completo mientras haya una verdadera conciencia de que el gobierno militar de facto, que ignoró más de cien años de tradición pacífica del Estado, fue tan responsable como la actual política británica de no negociar. Y frente a esta situación, nuestra ciudadanía no se posicionará acorde a las circunstancias mientras hayan manifestaciones que reivindiquen al gobierno militar o dirigentes políticos que sigan denominando al golpe como “proceso de reorganización nacional”; mientras hayan periodistas que adopten la postura de la corona británica para hacer oposición al gobierno nacional; mientras existan corporaciones que hayan establecido su poder sobre estructuras construidas durante la última dictadura militar; o incluso, mientras un grupo estudiantes de clase media prendan fuego un muñeco de las Madres de Plaza de Mayo.

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