Argentina presidirá el G20 durante el 2018

Argentina fue elegida para presidir el Grupo de los 20 (G20) durante el 2018. El acuerdo fue alcanzado durante mes de junio en el marco de la Tercera Reunión de Sherpas –como se conocen a los representantes de las veinte economías que conforman el foro- realizada en la ciudad de Xiamen, China. De esta manera, a partir de la próxima Cumbre que se llevará a cabo en la ciudad de Hangzhou en septiembre, el país pasará a formar parte de una troika conformada por la presidencia saliente, la nueva -Alemania- y la futura.

El vicecanciller Carlos Foradori encabezó la delegación argentina en el encuentro de Sherpas.

Tal como fue calificado por Cancillería a través de su comunicado oficial, desde su creación en 1999 el G20 representa “un foro internacional clave de discusión y toma de decisiones en pos de la adopción de soluciones concretas para los principales desafíos de la agenda global”. Se trata de un espacio que reúne a las veinte economías –diecinueve países y la Unión Europea- más pujantes del mundo. Su esencia radica en la intención de conformar una estructura ampliada del G8 que garantice la participación de las naciones en vías de desarrollo. Por ello, desde la Cumbre de Pittsburgh, en Estados Unidos, llevada a cabo en el 2009, se decidió que este nuevo esquema sustituirá definitivamente a la “mesa chica” del hemisferio norte.

Los debates canalizados en el seno de las cumbres del G20 persiguen el objetivo de adoptar decisiones orientadas al fortalecimiento de la economía mundial, a la mejora de la regulación financiera y a la promoción de acciones concretas sobre los temas más urgentes de la agenda global. En su interior, el foro se compone por grupos de trabajo que discuten y coordinan políticas y acciones en una gran variedad de temas, tales como el de Sustentabilidad Energética y su trabajo de promoción de energías renovables; el de Desarrollo, cuyo objetivo principal es la implementación de la Agenda 2030 de desarrollo sostenible y el grupo de Empleo, donde se han impulsado medidas vinculadas a la problemática de la inserción al mercado laboral y a la mejora del bienestar de la población.

En conjunto, sus miembros representan el 85% del producto bruto global, dos tercios de la población mundial y el 80% del comercio internacional. Si bien Argentina no representa una incidencia sustancial sobre estos indicadores, su presencia ha logrado impulsar importantes puntos en la agenda del foro, lo que le permitió consolidarse como referente y portavoz de las particularidades de región latinoamericana, lugar que comparte junto a Brasil y México.

El ingreso de Argentina al G20

Las especialistas Melisa Deciancio y Diana Tussie enumeran una serie de hechos particulares provenientes tanto del ámbito local como internacional y de la interacción entre ambos que explican la membrecía argentina en el foro.

En primer lugar, durante la década del 90, el gobierno de Carlos Menem se concentró en llevar adelante una política exterior orientada a formar parte de Occidente como manera de generar confianza internacional. Así, el país buscó acercarse a los países más poderosos con el fin de obtener los beneficios de esa relación a la vez que se mostraba dispuesto a hacer concesiones -plan de convertibilidad y apertura económica- para que esto suceda (Tussie y Deciancio, 2010).

En segundo lugar, el G-20 buscaba ampliar la representación del G8 incluyendo países emergentes de diversas regiones del mundo. Por ello, las autoras entienden como razonable que, como primera y segundas economías de la región, México, Brasil y Argentina hayan sido seleccionados como representantes de la región en el Grupo.

Por último, y en lo referente a lo estrictamente financiero, hacia 1999 se evidenciaban signos de la que sería la peor crisis económica argentina de todos los tiempos, sobre todo dada la recesión económica que había comenzado en 1998 y la experiencia vivida por las economías mexicana, asiáticas, rusa y la “mega-devaluación” brasilera de enero de 1999. Ante los riegos de un efecto dominó que alcanzara a la ya debilitada economía argentina, su participación en el Grupo buscaba permitir un mayor control y una mejor manera de proveer recomendaciones en caso de que la crisis se manifestara (Tussie y Deciancio, 2010).


Crisis global y G20: multilateralización de actores y agenda

A partir de la revalorización del G20 desde las Cumbres del 2008 y 2009, Argentina, como economía emergente y ya recuperada de la crisis del 2001-2002, naturalmente, le imprimió una mayor relevancia a su participación en el foro. Bajo la gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y en el marco de la búsqueda de nueva formas de inserción internacional, el G-20 se mostró como un ámbito desde y hacia donde pensar la política exterior del país, como una plataforma multilateral de incidencia global desde la periferia.

El multilateralismo sirve como legitimador de los reclamos y propuestas dando mayor relevancia al bloque y cada uno de sus integrantes. Para países de poder intermedio como la Argentina, la participación en foros multilaterales resulta un capital fundamental” (Tussie y Deciancio, 2010).

Las consecuencias de la crisis global del 2008 que impactó con mayor fuerza en las grandes potencias que en las economías en vías de desarrollo, impulsó la necesidad de apertura geográfica del espacio. De esta manera, la incorporación de nuevas voces provenientes de diferentes regiones aportó a la diversificación de una agenda circunscripta a temáticas económicas y financieras, para introducir debates en torno a problemáticas sociales, ambientales, de seguridad, entre otros.


Argentina, presidencia y nueva gestión

Tras acordar con Brasil y México, los otros miembros regionales con quienes Argentina disputaba la presidencia del G20, el país obtuvo el beneplácito de sus pares. Como síntesis de las dos etapas anteriores, este reconocimiento se encuentra sustentado sobre los aportes realizados a lo largo de las casi dos décadas de vida del foro, y con mayor énfasis durante los años posteriores a la crisis del 2008.

Al mismo tiempo, la gestión del flamante presidente Mauricio Macri captó la atención de las economías desarrolladas por sus promesas de llevar adelante un nuevo modelo de inserción internacional aperturista.

Con lo cual, a pesar de las dificultades que atraviesa la economía nacional, en consonancia con la coyuntura regional, Argentina continúa mostrándose como un actor con una relativa capacidad de influencia en los espacios de elaboración de la agenda política internacional. Una agenda que contiene numerosas oportunidades para el desarrollo del país, aunque con sus riesgos también.

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